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¿Dejando atrás la década neoliberal?: El mercado de trabajo y la estructura ocupacional: de Néstor Kirchner a Cristina Fernández

Se termina el segundo mandato de la Presidente Cristina Fernández y probablemente culmina un ciclo político en nuestro país: el del kirchnerismo gobernante. El adjetivo “gobernante” se debe a que considero que hay kirchnerismo para rato en la política argentina, galvanizando esa combinación de pensamiento populista y progresista (¿inflación con derechos humanos?) al que suelen llamar nacionalismo popular. Este pensamiento político, que desde mediados de los años sesenta ha expresado tanto a los sectores medios ilustrados como a los sectores populares, abrevando del fuerte sentimiento antiliberal arraigado en amplios sectores de la sociedad argentina. En definitiva, independientemente de que no tenga consenso para conservar el gobierno, el kirchnerismo será el lugar desde donde se interpelará con mayor virulencia al próximo gobierno, aun si el nuevo presidente fuera Daniel Scioli. Por lo tanto, es importante poder establecer cuáles han sido los resultados económicos y sociales del ciclo político que finaliza y sobre todo entender cuál es la dinámica económica y social que condicionará el cambio de gobierno.

En esta entrada vamos a analizar lo ocurrido con el mercado de trabajo y la estructura ocupacional durante el ciclo del kirchnerismo gobernante tomando como referencia estadística los datos provistos por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) desde el año 1974 para el aglomerado metropolitano de Buenos Aires (AMBA) luego ampliada al ámbito nacional. Si bien la información publicada por el INDEC ha sido cuestionada desde su intervención, en noviembre de 2006, tomamos como válidos los datos relativos al mercado de trabajo más allá de algunos detalles técnicos[1] que consideramos que no alteran los resultados del análisis. Salvo aclaración específica, el análisis no toma en cuenta a los ocupados con plantes sociales[2]. En el gráfico 1 podemos ver la evolución de las tasas de empleo y actividad que reflejan el comportamiento del mercado de trabajo. El crecimiento de la población ocupada en los primeros años posteriores a la salida de la convertibilidad se refleja en el salto de la tasa de empleo del 39% al 42%. En pocos años este fenómeno permitió reducir los niveles de desocupación y subocupación a valores de un dígito, bien por debajo de los valores alcanzados durante la década del noventa (ver gráfico 2). Sin dudas este es el principal logro del ciclo político del kirchnerismo gobernante.

Gráfico 1

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

Gráfico 2

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

Lamentablemente este ritmo ascendente del empleo se estanca a partir del año 2007 y, desde entonces hasta la actualidad, la tasa de empleo fluctúa entre el 42% y 43% de la población. Este nivel es suficiente para que no se incremente la tasa de desocupación, ya que llamativamente la tasa de actividad se mantuvo estable a lo largo de todo el periodo[3]. Más preocupante es observar la dinámica del empleo desagregando la información por sectores. En el gráfico 3 observamos que, en el periodo entre 2003 y 2008, el sector privado formal (ocupados en empresas de más de 5 trabajadores y profesionales independientes) fue el generador principal del empleo, mientras que en segundo lugar, el sector público permitió absorber el empleo informal (ocupados en microempresas, empleo por cuenta propia no calificado, servicio doméstico y trabadores familiares)[4] y bajar la desocupación. En cambio, a partir de 2008, se reduce el empleo en el sector privado formal, siendo el sector público y el sector informal los que sostienen el pobre crecimiento del empleo total.

Gráfico 3

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

El gráfico 4 ilustra la dinámica detrás de los cambios relativos en la estructura ocupacional. Las barras verdes y rojas muestran los asalariados registrados y no registrados respectivamente, y en las rojas con barras se reflejan las variaciones en los cuentapropia y el empleo doméstico. La categoría asalariados registrados lidera la creación de empleo en el primer periodo pero la tendencia se revierte completamente en el segundo. Diferenciando según el tamaño la cantidad de ocupados por establecimiento (gráfico 5) se observa que, entre 2008 y 2013, la mayor destrucción de empleo asalariado se produce en el segmento de empresas pequeñas (entre 6 y 50 trabajadores). La crisis del empleo en este segmento determina que se revierta la tendencia hacia una mayor participación relativa del sector privado formal en el total del empleo (con excepción de la crisis de la convertibilidad) que se manifestaba desde los años expansivos de la década del noventa. Por lo tanto, el ciclo del kirchnerismo gobernante se cierra con una dinámica laboral bien distinta a la de sus primeros años durante la presidencia de Néstor Kirchner.

Gráfico 4

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

Gráfico 5

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

El segundo criterio que queremos evaluar es la calidad del empleo generado en estos años, a partir de clasificar a los ocupados según las características de su vínculo laboral identificando como “ocupados precarios” a aquellos participan en relaciones laborales no alcanzadas por la legislación laboral. En este conjunto se engloban a todos los asalariados no registrados en la seguridad social, a los trabajadores por cuentapropia no calificados (sin educación terciaria o universitaria) al servicio doméstico y a los trabajadores familiares[5]. Adicionalmente definimos un subconjunto de “ocupados marginales” con los trabajadores de ingresos muy bajos o aquellos ocupados menos de 35 horas semanales. Con el concepto de “ocupados precarios” tenemos una medida de precariedad de las relaciones laborales, mientras que con el concepto “ocupados marginales” tenemos un indicador de la magnitud de precariedad extrema del mercado de trabajo. En el gráfico 6 se sigue la evolución del indicador de precariedad laboral para los últimos 30 años para el total de la población ocupada y para los jefes de hogar, pudiéndose observar que la precariedad laboral crece en los años de 1980 y durante la segunda mitad de la década de 1990; luego retrocede marcadamente entre 2003 y 2008 y se estabiliza en niveles en torno al 40% de la población ocupada y del 35% de los jefes de hogar, valores similares a los de mediados de los años de 1980.

Gráfico 6

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

Los gráficos 7 y 8 muestran la evolución de los ocupados en relaciones laborales extremadamente precarias por ingresos o subocupación horaria. En ambos casos se observa la misma tendencia: el crecimiento del polo marginal de trabajadores durante los años de 1990 y un descenso moderado durante la primera mitad de la década posterior, que ubica la marginalidad laboral actual entre el 15% y el 20% de la fuerza laboral, registros similares al promedio de la década de 1990. Es así como el fenómeno de la marginalidad laboral se ha convertido en un rasgo estructural, en tanto persistente, de la estructura ocupacional.

Gráfico 7

7

Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

Gráfico 8

8

Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

Finalmente, el análisis de la estructura ocupacional según ramas de actividades económicas no refleja cambios sustantivos respecto de la estructura ocupacional sesgada hacia los servicios que se conformó en la década de 1990 (ver gráfico 9). Las ramas industriales tuvieron una recuperación importante durante los primeros años de la posconvertibilidad pero luego vuelven a decaer, como se refleja en el gráfico 10. El análisis sectorial permite completar el cuadro que caracteriza las altas y bajas en la dinámica laboral que tienen como protagonista central la recuperación y declinación de la PyMES industriales del sector formal de la economía.

Gráfico 9

9

Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

Gráfico 10

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre.
 

En este sentido se pueden distinguir dos etapas bien diferenciadas en el ciclo político del kirchnerismo gobernante. Hasta el 2007 se crearon millones de puestos de trabajo que permitieron reducir la tasa de desocupación y la precariedad laboral. El sector formal privado, las PyMES y las ramas industriales y de la construcción fueron los motores de ese proceso. Esta recuperación del empleo industrial y de la construcción fue impulsada por la caída de los costos laborales que provocó la devaluación extraordinaria que causó la crisis de la convertibilidad y por la acumulación de saldos comerciales favorables a partir de los términos del intercambio a favor de nuestro país -China mediante- que se inició en el año 2002. La declinación del empleo industrial durante las presidencias de Cristina Kirchner fue causada por factores externos como la crisis financiera “subprime” y el pobre desempeño de la economía brasileña, pero también influyeron los desequilibrios macroeconómicos domésticos, que provocaron pérdida de competitividad y restricciones a los flujos de comercio exterior y de capitales (atraso cambiario y cepo al dólar).

Algunos economistas[6], sostienen que el modelo económico fue mutando de orientación en etapas sucesivas. Por ejemplo, se pueden identificar tres etapas diferentes en el ciclo kirchnerista: la etapa fundante del modelo de tipo de cambio competitivo y superávit fiscal y de cuenta corriente (superávits gemelos) entre 2002 y 2006; la etapa crítica (2007 a 2009) en la cual el modelo sufre los shocks externos y la acumulación de desequilibrios internos. En este contexto, desde el año 2010 se puso en marcha una experiencia típica del ciclo de política económica descripto magistralmente por Adolfo Canitrot en su célebre ensayo de 1975 “La experiencia populista de redistribución de ingresos” (http://www.elgermen.com.ar/Varios/Canitrot-75.pdf). Si bien durante ese año y el 2011 la economía y los salarios reales pudieron crecer, los desequilibrios de la economía llevarían a la pérdida de los superávits gemelos y como consecuencia del impacto de los subsidios y el atraso cambiario sobre las cuentas externas y fiscales. Durante este período el kirchnerismo fue radicalizando su mensaje político y se intensificaron los controles sobre el sistema económico para intentar sostener el incremento de los salarios reales. Sin embargo, la retracción de la inversión privada es, en definitiva, el límite que el populismo no puede sobrepasar sin afectar o modificar el régimen de propiedad. En esta última etapa se registran los retrocesos del empleo privado formal, sobre todo en la PyMEs industriales y en la industria de la construcción.

Los logros del ciclo kirchnerista, en la perspectiva del mercado de trabajo y la estructura ocupacional, se agotaron en la presidencia de Néstor Kirchner. Desde entonces, durante los gobiernos de su esposa Cristina Fernández, el mercado de trabajo perdió dinamismo y en la estructura ocupacional se consolidó la presencia de un segmento de trabajadores en condiciones laborales extremadamente precarias –sin protección social, con subocupación horaria, con bajos ingresos– en torno al cual se conformó el polo marginal de la estructura social (ver gráfico 11). En este sentido, la macroeconomía del populismo ha fracasado en su intención de alterar la distribución del ingreso por medio de manipular los factores que intervienen sobre la distribución funcional del ingreso. Por el contrario, las políticas sociales implementadas desde el año 2009 en adelante, son las que evitan el mayor deterioro de las condiciones de vida de los sectores laboralmente marginados ya que operan eficazmente sobre la distribución personal / familiar del ingreso.

Gráfico 11

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Elaboración propia sobre datos de la EPH-INDEC para el AMBA, Octubre / 4to trimestre. 

La experiencia del último gobierno kirchnerista revela los límites que encuentran las políticas económicas populistas para sostener un proceso de redistribución de ingresos vía los salarios nominales en el mediano plazo ya que los cambios estructurales de la matriz productiva requieren tiempo e inversiones, para lo cual se necesitan condiciones que la propia dinámica de puja distributiva impide generar.

 

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[1] A partir del año 2013 comienzan a existir dudas también sobre los datos del mercado de trabajo.

[2] Esto se debe a que se trata de establecer la dinámica socio ocupacional que se deriva del ciclo económico y no de la política social.

[3] El comportamiento de la tasa de actividad durante la posconvertibilidad es un tema controversial sobre la participación laboral de las mujeres ver por ejemplo: http://alquimiaseconomicas.com/2014/12/02/que-esta-sucediendo-con-la-oferta-de-trabajo-femenina-en-los-ultimos-anos-en-argentina/

[4] Este criterio sigue el enfoque original de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para definir los sectores formales e informales del empleo en base a criterios sobre la organización productiva y no sobre la regulación de la relación laboral.

[5] Este criterio refleja los enfoques “legales” para definir la informalidad laboral, implementados en los últimos años por la OIT.

[6] Ver:   Eduardo Curia http://www.cronista.com/opinion/-La-discontinuidad-estrategica-de-la-decada-y-la-crisis-actual-20140310-0037.html; Mario Damil, Roberto Frenkel y Martín Rapetti http://www.palgrave-journals.com/ces/journal/vaop/ncurrent/pdf/ces20153a.pdf.

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