PobrezaRecensión

“The Great Escape. Health, Wealth, and the Origins of Inequality” de Angus Deaton

Midiendo y comprendiendo el comportamiento, el bienestar y la pobreza

En octubre del año pasado, Angus Deaton recibió el Premio del Banco Central de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, por su análisis del consumo, la pobreza y el bienestar. En la entrevista que le siguió a la notificación del Premio, el periodista Adam Smith comentó,

“Su trabajo parece haber sido realmente la combinación del deseo de medir e incrementar el bienestar y también un amor a resolver rompecabezas.”

Entonces, Deaton respondió,

“Esta es una muy, muy justa descripción. Se trata de imaginarse estos asuntos, y también de intentar y recoger datos para conformar estos rompecabezas y obtener alguna iluminación. Hay un mundo turbio afuera y las cosas son difíciles de entender a veces. Sabes, los mejores momentos ocurren cuando reúnes … aportas información, aportas datos de un modo que colabora a iluminar algo que realmente no comprendes. Incluso si esto no clarifica completamente las cosas, esto justamente, sabes, colabora a relacionarlas.”

Este Premio es la coronación de la labor de Deaton como un destacado académico en el ámbito de la salud, el bienestar y el desarrollo económico. Deaton ha aportado claves de sumo interés para los análisis de los datos sobre estos temas, y ha identificado patrones de comportamiento significativos, que dan cuenta de las zonas a explorar y las guías de acción para mejorar el mundo. Estos aportes están compendiados, seguramente, en su obra más conocida “The Analysis of Household Survey and Economics and Consumer Behavior”.

La lectura de “The Great Escape” otorgará una síntesis lograda de estas calificaciones. Deaton optó remitir, con este título, a una película de una fuga de un campo de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. Estableció un paralelismo entre esta situación, en donde se pone a prueba la agudeza mental y el sentido práctico para enfrentar el peligro extremo, con la magnitud del desafío que exige el escape del hambre y la muerte prematura en las sociedades actuales. Los países donde el capitalismo se ha desarrollado en grado avanzado han escapado de estos problemas. Muchos otros países quedaron rezagados, aún deben escapar, aprendiendo del cómo lo hicieron otros, y seguramente, inventando nuevas vías de escape.

Excluyendo el prólogo y la sección de citas, el volumen consta de 329 páginas, pobladas por una destacada prosa, en tipografía con tamaño de 8 puntos. El texto no abunda en tecnicismos, que son explicados con amenidad cuando su uso es imprescindible. Las citas que documentan los argumentos fueron ubicadas al final del libro. Estas decisiones resultan acertadas para favorecer la lectura de la obra como una historia narrada en primera persona, con referencias a la historia familiar de Deaton como ejemplo del escape. El autor entrelaza con maestría datos particulares, generalizaciones y oraciones conclusivas, de modo que cada capítulo pueda leerse manteniendo el ánimo y la atención.

“The Great Escape” es una invitación a entender que el progreso social se apoya en la difusión extendida del bienestar social. El libro está organizado en un capítulo introductorio y otros seis capítulos agrupados en tres partes. El primer capítulo aporta comparaciones internacionales sobre la convergencia de los estándares de salud de los países desarrollados, para dar cuenta que las condiciones para el desarrollo social están, ineludiblemente, asociadas con la calidad de la salud pública. En este sentido, el primer paso consiste en progresar entre etapas epidemiológicas, reduciendo al mínimo posible la mortalidad entre los infantes y niños, asociada sobre todo a enfermedades infecciosas. El autor colabora, con genuina didáctica y citando diversas fuentes, sobre cómo interpretar los datos de la economía y la demografía para extraer resultados correctos. Estas pautas resultarán, sin duda, muy relevantes para aquellos interesados en estudiar y comprender las interrelaciones entre la economía y la demografía, que han recuperado importancia en la actualidad, a partir de la mayor disponibilidad de datos y de la posibilidad de situarlos en perspectiva histórica. Este capítulo traslada otros temas interesantes, como las discusiones sobre la captura directa del bienestar a partir de encuestas sobre la felicidad de las personas, complementando el enfoque tradicional, que recupera el bienestar de modo indirecto, con indicadores en función del ingreso y los relevamientos censales del acceso a ciertos bienes básicos.

Las primeras dos partes del libro fueron asignadas a situar a la vida saludable y el acceso a bienes y servicios para satisfacer necesidades, sucesivamente más complejas, como condiciones de posibilidad del bienestar. A esta tarea tributan comparaciones internacionales, en búsqueda de explicaciones sobre el porqué el crecimiento económico estuvo acompañado por itinerarios diversos de la desigualdad de ingresos. A partir del “milagro de la posguerra, que cesó antiguas desigualdades y abrió otras nuevas”, el autor expone regularidades que facilitan la comprensión de los fenómenos socio-económicos de las últimas décadas, gobernados por la disminución del ritmo de crecimiento de los países desarrollados y el aumento de la desigualdad registrado a escala global.

El lector es prevenido sobre las complejidades metodológicas que conciernen al análisis comparativo: en la dificultad de corresponder a la heterogeneidad de situaciones socio-económicas que conforman los estratos sociales; la dificultad de representar con suficiencia a la sociedad, a partir del muestreo estadísticos; los problemas de la medición del crecimiento de la riqueza utilizando el PBI y las comparaciones a partir de la paridad del poder adquisitivo. En cada capítulo, luego del panorama comparativo, el autor focaliza el análisis sobre la situación de Estados Unidos.

Para comparar el nivel y la evolución del bienestar de las sociedades es conveniente analizar indicadores en el largo plazo y para la mayor cantidad de países o regiones posibles. Este tipo de información es escasa y por lo general se reduce a unos pocos indicadores sintéticos, como la esperanza de vida al nacer. Deaton señala los defectos de medición de campo de estos indicadores y las nociones incompletas que proveen para comprender las actuales transformaciones socio-demográficas. Por ejemplo, la esperanza de vida al nacer es un resultado promedio, que puede “esconder” comportamientos diferentes de la mortalidad a lo largo de las edades de una población.

En términos de desarrollo social, la mortalidad infantil y durante la niñez es un problema diferente a la mortalidad entre los demás grupos de edades. Puede decirse que existe un umbral entre etapas epidemiológicas, que distingue a los países, entre aquellos donde la mortalidad infantil y durante la niñez es el principal factor explicativo de la reducida esperanza de vida, y aquellos otros países que, superado el umbral, concentran sus esfuerzos en reducir la mortalidad entre los jóvenes y adultos mayores. Al respecto, es instructiva la identificación del retardo de los efectos sobre la calidad de vida de las políticas y comportamientos humanos perdurables, como la reducción del tabaquismo y la adopción de normas sanas de nutrición. (Los interesados en conocer sobre este tema en Argentina pueden leer, por ejemplo, este trabajo de Carlos Grushka).

Deaton se permite abordar el ciclo vital remontándose a los datos más antiguos de los que se dispone, enfatizando así la necesidad de contar con estadísticas bien diseñadas y confiables. El lector confirmará la productividad de cumplir con esta cláusula, cuando aborde las conclusiones vertidas a partir de las estadísticas de mortalidad de siglos atrás, donde el Estado tempranamente se encargó de registrarlas, como en Suecia y Massachusetts.

El autor también es sugerente indicando que en el incremento del bienestar social concurren tanto la estabilidad macro, como los cambios en el tamaño de los distintos grupos demográficos y los cambios en el poder que detentan esos grupos, que combinan el cambio por edades con las variaciones de los afiliados a los sindicatos, la tasa de inmigración, la cantidad de personas impedidas de votar.

La desigualdad afecta al bienestar; según Deaton, esto es claro en el caso de Estados Unidos, donde la esperanza de vida al nacer es menor a la esperada según su nivel de ingresos per cápita. Otros países, más pobres, que han sido exitosos en reducir la mortalidad infantil se destacan en sus logros sobre la esperanza de vida. A partir de estos datos, el autor ingresa también en las discusiones sobre relación del ingreso con la igualdad de oportunidades y la igualdad de resultados.

 

¿Cómo ayudar a los rezagados en el escape?

La tercera parte del libro está dedicada a la comprensión de la experiencia acumulada sobre la ayuda internacional, tanto como a proponer preguntas clave, operaciones metodológicas y soluciones que deben guiar a la construcción de las vías de escape de la pobreza y el subdesarrollo. Esta actividad, de intelectual ocupado en producir guías de acción, quizás despierte mayor interés en muchos lectores.

Este último capítulo evoluciona a partir de la tensión entre la crítica a las modalidades de ayuda internacional que prevalecen y aquellas que Deaton reconoce como verdaderamente meritorias para el desarrollo de los rezagados. Según el autor, la ayuda externa a los países pobres nunca cumplirá con éxito el objetivo que se propone, mientras no están presentes las condiciones para el desarrollo de estos países. Si la pobreza está originada en la baja institucionalidad, el mal gobierno y la decadencia política, la solución nunca provendrá de la provisión de recursos a los malos gobiernos. Este “enfoque hidráulico” de la ayuda, de trasvasar recursos económicos desde los países ricos a los pobres, esconde grandes flujos de inversión que sólo pretenden retornos y el resultado de una elevada extranjerización de la propiedad y el incremento de la desigualdad interna en las economías basadas en la exportación de recursos naturales.

Las donaciones de dinero, cuando se transforman en una proporción mayoritaria del PBI, tampoco son verdaderas soluciones de la pobreza. En este aspecto, el autor enfatiza que mientras no se instalen recursos para el desarrollo efectivo, serán vanas las transferencias mágicas de dinero para ubicar a las poblaciones por encima de una línea de pobreza dada (como la de 1 dólar diario). También recuerda que el 80% de la ayuda internacional proviene de acuerdos bilaterales, antes que de fondos multilaterales (Banco Mundial, Naciones Unidas, los fondos específicos para combatir enfermedades infecciosas, etc.) Y que a partir de esta característica, se convalidan los intereses de los donantes sobre los intereses de los necesitados.

El resultado contradictorio del “esquema hidráulico” supera las motivaciones éticas de los donantes. El dinero se destina a países antes que a las personas, sin atender a los órdenes de magnitud de población y la densidad de habitantes en la pobreza. Esta decisión ocasiona una desproporción alarmante en los montos de dinero destinados para ayuda: algunos países subsaharianos reciben hasta 800 dólares per cápita, mientras que China y la India, donde vive el 48% de las personas pobres del mundo, sólo reciben 3,90 dólares per cápita. Y aunque a estos dos países afluyan otros tipos de ingresos para atender sus capacidades de desarrollo económico y social, lo preocupante es que aquellos países que reciben la mayor ayuda per cápita, o en relación a su PBI, no crecen ni se desarrollan. En estos términos, el “esquema hidráulico” de la ayuda mantiene el extractivismo, la corrupción y socava la institucionalidad de los países receptores.

La “ilusión de la ayuda” se puede rastrear, según Deaton, en las evaluaciones sobre la efectividad de los proyectos de desarrollo, tanto en aquellas que aplican métodos experimentales, como en las que omiten los problemas de replicar y escalar los proyectos, o la responsabilidad de las potencias en proporcionar recursos a los regímenes dictatoriales “aliados”. Incluso la ayuda selectiva, con comprobación de recursos, tiene su Talón de Aquiles, pues los regímenes políticos que no tienen interés en mejorar el bienestar social, no se postulan ni solicitan ayuda.

Evidentemente, este tipo de ayuda cierra el túnel construido para el escape de la pobreza, el hambre y el subdesarrollo. De modo que Deaton insta a aprovechar los enormes talentos de los graduados en la tarea de abolir la idea de proporcionar ayuda como diezmo y de persuadir a los ciudadanos para reducir la ayuda como donaciones de dinero.

El resto del capítulo reúne argumentos a favor de destinar los fondos de auxilio a la investigación científica básica, para combatir las enfermedades que aquejan a los pobres del subdesarrollo, produciendo medicinas y vacunas (que no tienen interés de aplicación en los países ricos), como en reducir los costos de las medicinas existentes. Deaton recuerda la propuesta del filósofo Thomas Pagge, de crear un Fondo de Impacto sobre la Salud, que premie económicamente a las compañías farmacéuticas, en proporción al beneficio de salud que aportaran. Otro incentivo, ya puesto en marcha, son los compromisos anticipados de compras, a un precio definido, de medicinas específicas no desarrolladas, para tratar enfermedades de la pobreza. Una decisión coherente de proveer de ayuda, no debería estar acompañada del otorgamiento de préstamos para pagar a los asesores; mientras que le incumbe, por ejemplo, suplementar la capacidad de negociación de los países pobres en los acuerdos de comercio internacionales, o proveer becas de grado y posgrado para los estudiantes provenientes de los países más pobres.

Deaton reconoce que el ámbito de propuestas concretas es profuso, aunque algunas de ellas tienen menores posibilidades de aceptación en el actual esquema político del mundo. En esta frontera ubica el racionamiento del crédito a los regímenes “odiosos” y las acciones colectivas para eliminar los subsidios que trastornan los precios de los alimentos.

 

Conclusiones

El libro admite una interesante lectura como análisis en perspectiva del siglo XX, período repartido entre conflictos y catástrofes de escala global, y progresos técnicos, políticos y de la percepción, compartida internacionalmente, de que pueden crearse espacios de discusión de los temas críticos que afectan a la humanidad. El desarrollo del conocimiento y el progreso educativo nos han revelado que el bienestar social se difunde únicamente eliminando la indigencia y reduciendo la pobreza. Esta tarea pendiente, a escala global, es un llamado de atención, sobre la polarizaron de la riqueza y el ingreso en la actualidad: un mundo en donde se reduce la participación de los estratos medios, será un mundo de ricos y de pobres, que postergará el progreso social.

Al decir de Thomas McKeown, las políticas públicas para erradicar la indigencia y aliviar la pobreza son imprescindibles, porque la salud pública está fundamentalmente condicionada por las condiciones sociales de vida. En este sentido, es deseable que el Estado provea de estadísticas y relevamientos sobre el bienestar social, para definir concretamente los problemas sociales en este entorno y fijar así programas de trabajo para mejorar la calidad de vida, con objetivos claros y compartidos. Mejores estadísticas favorecen la legitimidad de la tarea por delante, a la vez que funcionan como un potente “ordenador”, para situar y canalizar los esfuerzos de las investigaciones y los debates sobre los caminos a transitar.

En este libro, Deaton colabora, con “optimismo cauteloso”, señalando la responsabilidad de las sociedades en establecer compromisos políticos que legitimen mecanismos de repartos coherentes con la sustentabilidad del bienestar social. Repartos equilibrados, que según el reclamo de este eminente pensador, deben manifestarse en todas las escalas, tanto en el ámbito local como en el global.

 

“The Great Escape. Health, Wealth, and the Origins of Inequality” fue publicado por Princeton University Press. Para mayor información, consulte aquí.

 

Referencias

Grushka Carlos (2014), “Casi un siglo y medio de mortalidad en la Argentina…” en Revista Latinoamericana de Población, vol. 8, núm. 15, julio-diciembre, pp. 93-118. Asociación Latinoamericana de Población, Buenos Aires. Disponible en www.alapop.org/alap/Revista/Articulos/relap15/relap_15_grushka.pdf y en http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=323835583005

 

Notas

Agradezco a Carlos Grushka, Sofía Herrera, Emiliano Vallejos, Marcelo Bruchanski y Santiago Boffi por los valiosos comentarios que hicieron sobre esta reseña.